En el marco de la crianza positiva, las rutinas juegan un papel esencial para ayudar a los niños a sentirse seguros, estables y emocionalmente conectados con sus cuidadores. Según el reconocido psicólogo John Gottman, especializado en la inteligencia emocional y las relaciones interpersonales, la forma en que los padres manejan las emociones de sus hijos es fundamental para su desarrollo. Al combinar rutinas con los principios de la crianza emocional de Gottman, se puede crear un entorno que nutra tanto las necesidades emocionales como las de orden y predictibilidad de los más pequeños.
Cuando los niños saben qué esperar durante el día, su nivel de ansiedad disminuye, lo que les permite concentrarse en sus actividades y relaciones. Establecer horarios regulares para las comidas, el sueño y el juego les brinda una sensación de control sobre su entorno, un factor clave para su desarrollo emocional y cognitivo. Por ejemplo, una rutina de la hora de dormir que incluye un baño, lectura de cuentos y una conversación relajada antes de dormir no solo ayuda a los niños a descansar mejor, sino que también crea un espacio para la conexión emocional.
El coaching emocional se centra en validar y guiar a los niños en el manejo de sus emociones. En el contexto de las rutinas diarias, esto significa que los padres pueden utilizar estos momentos para enseñar a los niños cómo reconocer y expresar sus emociones. Por ejemplo, si un niño se siente frustrado porque es hora de dejar de jugar y prepararse para la cena, un padre que aplica coaching emocional podría decir: «Sé que estás molesto porque querías seguir jugando. Es difícil detener algo que te gusta, pero después de la cena puedes volver a jugar un rato». Este enfoque les enseña a los niños que sus emociones son válidas, al tiempo que les muestra cómo manejarlas en situaciones cotidianas.
Las rutinas no solo ofrecen seguridad, sino que también son una excelente herramienta para fomentar la autonomía. Cuando los niños saben qué deben hacer, como vestirse por la mañana o recoger sus juguetes antes de acostarse, desarrollan un sentido de responsabilidad y autocontrol. Involucrarlos en la creación de sus rutinas también puede ser muy beneficioso. Por ejemplo, permitir que elijan qué tarea quieren hacer primero o qué actividad incluir en su rutina nocturna les da una sensación de control y mejora su confianza.
Las rutinas también influyen positivamente en la salud mental de los niños. Un horario estable para las comidas, el sueño y el tiempo libre asegura que sus necesidades físicas y emocionales sean atendidas de manera constante. Además, los momentos de tranquilidad dentro de las rutinas, como la hora de la siesta o la lectura antes de dormir, permiten que los niños se relajen y reflexionen, lo que es crucial para el desarrollo de la inteligencia emocional.
Establecer horarios claros y consistentes: Esto reduce la incertidumbre y ayuda a los niños a sentirse más seguros.
Validar sus emociones: Incorporar el coaching emocional en las rutinas permite que los niños se sientan comprendidos y acompañados.
Involucrar a los niños: Dejar que participen en la planificación de sus actividades diarias fomenta su autoestima y sentido de independencia.
Ser flexibles: Aunque las rutinas brindan estructura, es importante permitir cierta flexibilidad para adaptarse a situaciones imprevistas.
Crear momentos de conexión: Las rutinas diarias pueden convertirse en oportunidades para que los padres conecten emocionalmente con sus hijos, fortaleciendo así el vínculo familiar.
Las rutinas son una poderosa herramienta para proporcionar seguridad y estabilidad en la vida de los niños. Al integrarlas con el enfoque del coaching emocional, los padres no solo estructuran el día a día, sino que también nutren el desarrollo emocional de sus hijos, ayudándoles a manejar sus emociones de manera saludable y a sentirse más seguros y conectados. Este equilibrio entre estructura y apoyo emocional sienta las bases para un crecimiento pleno y armonioso.
Padres
WhatsApp us